
Somos un buen lugar para los ancianos
Hay gente a la que le parece triste decir esto, pero yo creo que cada cual tiene que mirar aquello en lo que es más competitivo y tratar de aprovecharlo para buscarse un futuro.
Hace unas décadas, el campo español sufrió una especie de ataque atómico, y desaparecieron más de las tres cuartas partes de explotaciones ganaderas y agrícolas. Se trataba de gente que no sabía hacer otra cosa que destripar terrones, plantas ajos, cuidar ovejas y ordeñar vacas. Eran los paletos del chiste y a nadie le importó seriamente lo que le sucediera a aquella gente.
Luego llegó el ataque a nuestra industria, con la reconversión de astilleros, la siderúrgica, la minera (que no es industria, ya lo sé) y la de tantos y tantos sectores que no pudieron competir con los bajos precios y las miserables condiciones laborales del sudeste asiático. Ahí comenzó la preocupación, pero era demasiado tarde, porque nuestra industria estaba obsoleta y nuestra mano de obra era reacia a reciclarse, por muchas razones.
Luego ha venido el derrumbe inmobiliario, donde millones de personas han sido expulsadas del sector de la construcción. Y resulta que esas personas, como los agricultores, o como los obreros industriales, tampoco saben hacer otra cosa y se ven abocados a deambular como almas en pena por las colas del paro y las Empresas de Trabajo Temporal en busca de cualquier jornal al que poder agarrarse.
Los espacios, pues, se achican, y sólo el sector servicios parece contener aún algún yacimiento de empleo.
El turismo, a mi ver, está ya sobradamente explotado, pero no así las residencias de ancianos, que pueden convertirse en el futuro en una fuente de ingresos que consiga absorber parte del desempleo generado pro otros sectores.
Nuestra población está cada vez más envejecida, y no sólo la nuestra, sino también la de los países de nuestro entorno. Esto hace que el público objetivo sea cada vez mayor. España cuenta con buenas infraestructuras, una buena sanidad, un clima muy agradable, y sobre todo, con gente amable y tradición de tratar a los ancianos de un modo muy respetable. De hecho, cada vez son más los ancianos de otros países, centroeuropeos especialmente, que vienen a España a pasar sus últimos años. Su nivel de ingresos s elo permite y nuestra sanidad tiene convenios con la de sus países de origen, por lo que realmente no nos causan ningún quebranto, sino todo lo contrario.
Igual que se potenció en su momento el turismo de sol y playa, igual que en su momento se creó una red de paradores de calidad para dar a conocer y promocionar esa España que tanto tenía que ofrecer, es el momento de promover que los jubilados europeos disfruten de sus años de reposo en nuestro país.
Es un buen negocio, para ellos y para nosotros. Es una opción económica, quizás una de las últimas.
Que no perdamos este tren.
JRT
Residencia Virgen del Carmen