Archive for Septiembre, 2010

Los sindicatos son nenas mimadas. 8 razones

Martes, Septiembre 28th, 2010

Los sindicatos son como nenas mimadas, y voy a tratar de decir por qué, con razones, y las cosas que se les permiten sólo a ellos, mientras que el resto de los mortales tenemos que regirnos por la ley común.

-Se les reconoce representatividad independientemente de su número de afiliados. ¿Dónde se ha visto eso?

-Me representan porque lo dicen ellos, aunque no quiera ser representado por ellos. Son representantes míos por cojones y porque sí.

-Mantiene su estructura con el dinero de todos y no con las cuotas de los afiliados. ¿Qué pensarías de cualquier otra asociación que hiciese eso, como por ejemplo la Iglesia?

-Se defienden sus intereses y actividades mediante el delito de acoso sindical si alguien los molesta o molesta a sus afiliados.

-Se les permite presionar y coaccionar a la gente en caso de huelga, como si la huelga fuese un sacramento y ellos unos misioneros de la salvación.

-Se permite a su personal trabajar para el sindicato y que su sueldo lo siga pagando la empresa. Los famosos liberados. ¿A qué otro grupo se le permite semejante cosa? Ni siquiera un cura recibe un sueldo de Iberdrola si trabaja para su parroquia.

-Los miembros del comité de empresa, sindicalistas todos, son los últimos en poder ser despedidos de una empresa si las cosas van mal. Como tienen el culo a salvo, hacen lo que hacen.

-Se les devolvió el patrimonio requisado por Franco, mientras que los demás tuvimos que jodernos.

Yo creo que son demasiados privilegios, y que los trabajadores hemos visto demasiado poco resultado a cambio de tanto regalo.

 Luis Martínez. Valladolid.


La libertad de decir NO

Sábado, Septiembre 25th, 2010

Las preguntas que se nos hacen van simplificándose y exacerbándose. Llevan a disyuntivas, como lo muestran las elecciones.

La libertad de «decir no» es restringida sistemáticamente. Está destinada a dejar patente la superioridad de quien hace las preguntas. Y se ha convertido en un riesgo que se asume en un sitio tácticamente equivocado. Lo dicho no pretende ser una objeción contra su significado moral.

La emboscadura representa una nueva respuesta de la libertad. Los hombres libres son poderosos, aunque constituyen únicamente una minoría pequeñísima. Nuestro tiempo es pobre en grandes hombres, pero produce figuras.

La amenaza configura pequeñas minorías selectas. Junto a las figuras del Trabajador y del Soldado Desconocido aparece una tercera figura, el Emboscado.

El miedo puede ser vencido por la persona singular si ésta adquiere conocimiento de su poder. La emboscadura, en cuanto conducta libre en la catástrofe, es independiente de las fachadas político–técnicas y de sus agrupaciones.

La emboscadura no contradice a la evolución, sino que introduce libertad en ella mediante la decisión de la persona singular. En la emboscadura la persona singular se confronta consigo misma en su sustancia individual e indestructible. Esa confrontación expulsa el miedo a la muerte.

 Aquí las Iglesias no pueden dar más que asistencia, pues, en su decisión, la persona singular está solitaria, y el teólogo puede, ciertamente, hacerla cobrar consciencia de su situación, mas no sacarla de ella.

 El emboscado atraviesa por su propia fuerza el meridiano cero. En las esferas de la medicina, del derecho y del empleo de las armas la decisión soberana corresponde al emboscado, quien tampoco en la moral actúa de acuerdo con doctrinas y se reserva la aceptación de las leyes.

El emboscado no participa en el culto del crimen. El decide la naturaleza de su propiedad y el modo de afirmarla. Es consciente de la inatacable profundidad desde la que también la Palabra otorga una y otra vez plenitud al mundo. En eso está el cometido del «Aquí y ahora». 

Texto enviado por Santiago Lemona, Almusafes. La emboscadura.


Cómo funcionaban los sindicatos en tiempos de Franco

Sábado, Septiembre 18th, 2010

Desde mi modesta experiencia, y como estos días se habla mucho del tema sindical, voy a tratar de contarles cómo funcionaban los sindicatos durante el franquismo, al menos en mi sector, que era el de la construcción.

El asunto es mucho más difícil de explicar de lo que parece, porque algunos detalles importantes se basan en cuestiones sociales más que laborales, y eso es complicado de entender para el que no conoció aquellos tiempos.

En primer lugar, hay que decir que el Fuero de los Trabajadores era mucho más favorable para el obrero que la actual Ley, y eso se debía a que el régimen franquista no quería tener una verdadera oposición, y para ello hacía muchas más concesiones a los trabajadores de las que ahora se hacen. Esa es la parte clave y la más difícil de explicar:

En una democracia, el que gana las elecciones está legitimado para gobernar sin miedo a que se organicen grandes movimientos contrarios que se unan para derribar el régimen. Pero en una dictadura, al no haber elecciones, se maneja con una mano la represión y con otra la concesión. Es el viejo método del palo y la zanahoria, pero al franquismo le funcionó y por eso duró tantos años sin revueltas de verdadera importancia. Reprimían, sí, pero también concedían a menuso lo que se les pedía para rebajar de ese modo la presión.

El régimen franquista, además, no era homogéneo. Dentro de la Falange, que era el único partido permitido, había dos ramas, una más conservadora, a la que llamábamos la Falange Vieja, o Falange Rancia si hablábamos en privado, y otra mucho más sindicalista y obrera, procedente de las JONS. La gente de las JONS se fue haciendo cargo poco a poco de la representación sindical y con toda clase de pretextos iba negociando mejoras salariales y laborales.

Como los sindicalistas de peso eran altos cargos del régimen, a los empresarios no les quedaba más remedio que ceder, proque muy a menudo estas mejoras venían impuestas desde arriba, ya fuese por convicción o por miedo al descontento obrero. De esta manera, los representantes de los trabajadores jugaban también con una mano a halagar al régimen y con otra a cobrarse ese apoyo.

El equilibrio de fuerzas era muy distinto al actual, y al no existir diferencias ideológicas, por lo menos en teoría, las discusiones acababan girando necesariamente en torno a los horarios, las vacaciones, y las pagas extras, comparando lo que teníamos en España con el entorno europeo en el que el franquismo quería ser admitido a toda costa.

De esas circunstancias salió un Fuero de los Trabajadores tan favorable. De eso, y de que socialmente estaba muy mal visto que los trabajadores de una empresa lo pasaran mal. Por esta última razón, y como manionbra publicitaria, muchas empresas construyeron viviendas para sus obreros, porque si los empleados de una gran empresa vivían en chabolas o viviendas de mala calidad resultaba de una pésima publicidad para la compañía. Con los pequeños empresarios pasaba un poco de lo mismo: si tus empleados iban a trabajr en bicicleta y los de la competencia iban en moto, tu empresa perdía credibilidad.

Esto también lo aprocvechaban los sindicatos para negociar, y así, a trancas y a barrancas, sin libertad para elegir sindicato, pero con la seguridad de que el que había sacaba lo que se podía ir sacando, aguantamos aquellos años. El país era más pobre y ganábamos todos menos, pero los sindicalistas de entonces, los que nos defendieron aquellos años, no creo que fuesen peores que los de ahora.

 Luis Martínez. Valladolid.


La gente no sabe lo que son tres mil kilómetros.

Jueves, Septiembre 9th, 2010

Me parece a mí que la gente no sabe lo que es una central nuclear ni el verdadero alcance de un posible accidente, porque si lo supiera no se tomaría las cosas como se las toma. Si explota una nuclear, o hay un accidente gordo, se va a todo a la porra en tres mil kilómetros a la redonda, tirando por lo bajo. Y dos mil kilómetros no son doscientos, como parece que piensan algunos, que no las quieren cerca de su casa por miedo a que pase algo.

Con las nucleares ocurre como con los impuestos a los bancos y otros muchos temas: que mientras no se consiga un acuerdo entre varios países, el único que hace el tonto es el que no las tiene. ¿O se creen ustedes que un accidente de una nuclear en Francia dejaría la radioactividad en Francia, a la espera de que le revisaran el pasaporte en el frontera?, ¿Y si construye una nuclear Marruecos, como tiene proyectado?, ¿nos libraríamos nosostros en caso de que ellos tuviesen un accidente?, ¿y si las tuviera Portugal?

El caso es que somos tan cobardes y tan mentecatos que preferimos importar la energía a otros, que nos amenazan con un acciente lo mismo que si tuviéramos el problema aquí, y además nos cobran. Cuando en los picos de consumo importamos electricidad de Francia, estamos potenciando sus nucleares, que nos pueden borrar del mapa lo mismo que si estuviesen aquí.

No entro a juzgar si el riesgo es mucho, poco, intolerable o ninguno, pero lo que tengo claro es que las nucleares son como las armas: quizás fuera mejor que no las tuviese nadie, pero mientras las tengan los vecinos no es razonable renunciar a ellas.  

Cuando sucedió la desgracia de Chernobyl, la radioactividad llegó a Suecia. ¿A alguien se le ha ocurrido medir la distancia? A lo mejor sí, pero a veces creo que la gente no sabe lo que son tres mil kilómetros.

Aceptar todos los peligros y renunciar a las ventajas no es cabal. Casi ni siquiera es quijotesco. Simplemente es una idiotez.

LLZ (Benavente)


SOÑAR Y DESEAR

Martes, Septiembre 7th, 2010

 

         Llega un momento en la vida, en que sólo podemos soñar y desear, porque nuestros recuerdos se olvidan con el paso de los años.  Estos sueños y deseos se nombran porque alguien nos pregunta, no somos capaces de pensar en nada si no es con algún tipo de ayuda.

            No recordamos acontecimientos de nuestra propia vida, tenemos un gran libro en blanco en lugar de recuerdos del pasado.

            Sabemos que tenemos un nombre, que vivimos en algún sitio, que tenemos familia, pero que triste es no saber más. Vivimos en nuestro mundo, un mundo lleno de flores, colores, animales, arcoíris, globos, etc…., un mundo donde nadie nos molesta, donde no hay problemas, sólo encontramos silencio.

Un gran silencio que ganamos tras largos años de experiencia, que no podemos compartir con nadie.

Sólo con un poco de atención, escucha, conversación, mimos, abrazos y besos somos los más felices de nuestro mundo, en este mundo no necesitamos más.

Un día nos preguntaron que si pudiésemos pedir un deseo cual sería el nuestro y fueron los siguientes:

Poder andar, que mi marido se ponga bien para poder estar feliz, la libertad, volver a casa con nuestra familia, que se acabe el hambre y la pobreza en el mundo, poder recordar más cosas, no perderme, saber más cosas, etc….

                   Dedicado a todos los Residentes del Encinar de las Cruces (Don Benito), a todas las personas mayores y a mis abuelas. 

Escrito por la Terapeuta Ocupacional y los Residentes del Encinar


Una vida de perro (contada por el propio perro)

Miércoles, Septiembre 1st, 2010

1ª semana. Hoy cumplí una semana de nacido, ¡Que alegría
haber llegado a este mundo! 

 

1er mes. Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.

2 meses. Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós. Esperando que mi nueva “familia humana” me cuidara tan bien como ella lo había hecho.

4 meses. He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mi son como “hermanitos”. Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo les muerdo jugando.

5 meses. Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice “pipí” adentro de la casa; pero nunca me habían dicho dónde debo hacerlo. Además duermo en la recamara. ¡Ya no me aguantaba!

8 meses. Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me siento tan seguro, tan protegido. Creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho. Cuando están comiendo me convidan. El patio es para mi solito y me doy vuelo escarbando como mis antepasados los lobos, cuando esconden la comida. Nunca me educan. Ha de estar todo bien lo que hago.

12 meses. Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Que orgullosos deben de sentirse de mí.

13 meses. Qué mal me sentí hoy. Mi “hermanito” me quitó la pelota. Yo nunca agarro sus juguetes. Así que se la quité. Pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes, así que lo lastimé sin querer. Después del susto, me encadenaron casi sin poderme mover al rayo del sol.
Dicen  que van a tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que pasa.

15 meses. Ya nada es igual… vivo en la azotea. Me siento muy solo… mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando llueve no tengo techo que me cobije.

16 meses. Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me  perdonó. Yo me puse tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía reguilete. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé  feliz creyendo que haríamos nuestro “día de campo”. No comprendo porqué cerraron la puerta y se fueron. “¡Oigan, esperen!” -ladré… se olvidan de mi. Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta, que casi me desvanecía y ellos no se detendrían: Me habían olvidado.

17 meses. He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y sería  leal como ninguno. Pero solo dicen “pobre perrito”, se ha de haber perdido.

18 meses. El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis hermanitos”. Me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras “a ver quién tenía mejor tino”. Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo con  él.

19 meses. Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mi. Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.

20 meses. Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar a calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo estaba en un lugar seguro llamado “cuneta”, pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor que hasta se ladeó con tal de centrarme.
Ojalá me hubiera matado, pero solo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis  patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba a la ladera del camino. Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve;  otras dicen:
“No te acerques”. Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo
reaccionar. “Pobre perrito, mira como te han dejado”, decía… junto a ella venía  un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: “Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir.”
A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole me ayudara a descansar. Sólo sentí el piquete de la inyección y me dormí para siempre pensando en porqué tuve que nacer si nadie me quería.

La solución no es echar un perro a la calle, sino educarlo y quererlo.
No convierta en problema una grata compañía.