El misterioso naufragio del Waratah
Marzo 16th, 2011Datos del buque:Construído por el Astillero Barclay, Curle & Co en el rio Clyde, Escocia, terminado el 12 de Septiembre de 1908. Los armadores eran Lund´s Blue Anchor Line. Capacidad máxima 430 pasajeros y 119 tripulantes. Capitán J.E. Ilbery.Eslora: 465 pies; Manga 59,2 pies; tonelaje bruto 9.339 tons. Velocidad máxima 13,5 nudos.
Fuente original: http://www.histarmar.com.ar/InfGral/SSWaratah.htm
SE APAGA UNA LUZ
Marzo 2nd, 2011ANTE TODO, LOS RESIDENTES DEL ENCINAR DE LAS CRUCES (DON BENITO), QUEREMOS APOYAR A ESOS PADRES QUE HAN PERDIDO A SUS HIJOS POR CUALQUIER CIRCUNSTANCIA Y QUERMOS DARLE ÁNIMOS A TODOS SUS FAMILIARES Y AMIGOS, YA QUE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO ES MUY DURA, Y NOSOTROS POR DESGRACIA HEMOS VIVIDO MUCHAS A LO LARGO DE NUESTRA VIDA. AUNQUE NO SE PUEDE COMPARAR LA PÉRDIDA DE UN HIJO A OTRA PERSONA, YA QUE ELLOS TIENEN TODA UNA VIDA POR DELANTE PARA VIVIRLA.
NOS PREGUNTARON EN NUESTROS DEBATES SEMANALES, POR EL CASO DE Mª LUZ, UN CASO ACTUAL, AL IGUAL QUE EL DE LA NIÑA MARTA DEL CASTILLO, Y QUEREMOS DAR NUESTRA OPINIÓN PARA QUE TODOS LA CONOZCAN.
PENSAMOS QUE ESTOS CASOS SON ESCALOFRIANTES E INENTENDIBLES COMO UNAS PERSONAS PUEDEN QUITARLE LA VIDA A OTRA Y SIN REMORDIMIENTOS, ESO NO LO ENTENDEMOS. ESTAS PERSONAS DEBEN DE TENER EL DIABLO DENTRO O NO SABEMOS COMO PUEDEN “CRUZARSELES LOS CABLES” DE ESA MANERA.
ESAS OBSESIONES QUE TIENEN ALGUNAS PERSONAS POR L@S NIÑ@S SON INEXPLICABLES, AL IGUAL QUE LA VIOLENCIA CON LA QUE VIVIMOS HOY EN DÍA CON LA JUVENTUD. ESTA SOCIEDAD EN LA QUE ESTAMOS NO LA ENTENDEMOS Y NO ENTRA EN NUESTRAS DETERIORADAS CABEZAS.
MENOS MAL QUE TRAS LARGOS Y ANGUSTIOSOS AÑOS PARA ESOS PADRES , ESTOS MALHECHORES ESTÁN CONFESANDO MEDIANTE LA PRESIÓN QUE EJERCEN LAS AUTORIDADES Y LOS PERIODISTAS . (QUE POR CIERTO, DEBERÍAN SER MÁS DUROS)
LA JUSTICIA DEBERÍA SER AÚN MÁS DURA PARA ESTOS “PERSONAJILLOS ”, NOSOTROS OPINAMOS QUE DEBERÍAN CONDENARLES A CADENA PERPETÚA Y QUE LEY DE MENORES DEBERÍA DE CAMBIAR, PORQUE AUNQUE SEAN NIÑOS , SIGUEN SIENDO UNOS ASESINOS QUE LUEGO SALDRÁN A LA CALLE SIENDO ADULTOS Y DE IGUAL PENSAMIENTOS.
ESTA ES NUESTRA OPINIÓN Y DESDE AQUÍ MANDARLES UN ABRAZO FUERTE A TODOS LOS PADRES QUE HAYAN PERDIDO A SUS HIJOS. BESOS DE LOS RESIDENTES DEL ENCINAR DE LAS CRUCES
El poeta preferido de los dioses
Febrero 11th, 2011
Ser un romántiuco no es otra cosa que ser un loco exquisito. Eso fue Hölderlin.
Muerto el 7 de junio de 1843 en Tubinga, en la torre a orillas de Néckar donde le llevara su locura 1806, todo parece indicar que Johann Christian Friedrich Hölderlin perdió la cabeza por pedirle a sus semejantes más de lo que éstos son capaces de dar. “Jamás comprendí las palabras de los hombres, crecí en los brazos de los dioses”, dejó escrito en una de sus odas el hombre que, pese a su largo desequilibrio, es considerado el poeta alemán más grandes del siglo XIX.
Nacido en Lauffen (Württemberg) el 20 de marzo de 1770, apenas contaba el futuro autor dos años cuando murió su padre. Siendo el principal empeño de su madre hacer de él un buen clérigo, serán sus escuelas las de los conventos de Denkerdorf y Maulbronn. Estudiante, por fin, de Teología en el Stift -una suerte de seminario protestante de Tubinga-, será entonces, mientras descubre a Kant, Spinoza y Rousseau, cuando trabará amistad con Friedrich Wilhelm Joseph Schelling y Georg Wilhelm Friedrich Hegel.
Junto a los futuros filósofos plantará un árbol de la libertad al tener noticia de la revolución francesa, lo que le valdrá una reprimenda por parte de sus mentores. Ordenado pastor, empero, en 1793, nunca ejercerá su ministerio. Su religiosidad, estiman los expertos, tendrá expresión en sus versos. Así, a la sazón escribe nueve de los llamados por Dilthey ‘Himnos a los ideales de la Humanidad’, muy en la estela de uno de sus amigos de entonces, el poeta Friedrich Schiller -cuyo Himno a la alegría tanto nos recuerdan- vienen a cantar a la amistad, el genio, la juventud, la libertad y algunas otras cuestiones especialmente apreciadas en los años jóvenes.
Camarada de la práctica totalidad de los grandes hombres de la cultura alemana de su tiempo -si a Schiller lo frecuentó en Jena, mientras seguía unos cursos dictados por Fichte; a Goethe y Herder los trató en Weirmar-, será Schiller quien, además de publicarle los primeros fragmentos de ‘Hyperion’ le proporcionará el empleo de preceptor en casa de Carlota von Kalb, la mujer que le ha inspirado ‘Amor e intriga’. Pero la docencia no era la ocupación más adecuada para un hombre que concebía poesía y vida como un todo indivisible y soñaba con el resurgimiento de la civilización helénica, a la que dedicará su ‘Hyperion’ -hoy su obra más celebrada y una de la que ha conocido más versiones de cuantas la historia registra, en la que narra la triste experiencia de un joven griego que quiere combatir por la independencia de su país hasta que la barbarie de la guerra le sobrepasa-, cuya versión novelada completa apareció entre 1797 y 1799.
Recomendado, no obstante, por Hegel como preceptor de los hijos del banquero Gontard, en enero de 1796, Hölderlin parte a Frankfurt y se instala en casa de éste. Una vez allí no tardará en enamorarse perdidamente de su mujer, Suzette. Viendo en ella el ideal de “belleza griega” la convierte en la Diotima de sus versos. El comienzo del desequilibrio del poeta, bien puede datar de 1798, cuanto se ve obligado a abandonar Frankfurt e interrumpir su relación con Suzette. A partir de entonces, todo parece indicar que nada satisface a Hölderlin. En 1801, tras haber residido durante los últimos dos años en casa de un amigo en Homburg, se emplea como preceptor de los hijos de un comerciante en Hauptwyl (Suiza). Sólo permanecerá allí tres meses.
Schiller no puede o no quiere proporcionarle el empleo de profesor de griego en Jena que su viejo amigo le solicita y Hölderlin se coloca en casa del cónsul de Hamburgo en Burdeos. Abandona su nueva residencia en mayo de 1802 para regresar a Alemania andando. No hay duda: su razón ya está horada por la esquizofrenia. Cuando de regreso a la patria su amigo Isaac von Sinclair, el mismo que le acogiera en su casa de Homburg, le procura un puesto de bibliotecario, el desequilibrio que padece el poeta le impide aceptar.
Recluido en el manicomio de la Universidad de Tubinga, el doctor Autenrieth dictaminará que la locura de Hölderlin es benigna y confiará su custodia a un ebanista de la localidad, un tal Zimmer, quien lo recluirá en la torre referida anteriormente. Allí, sin más compañía que un piano desafinado, en él que muchos han querido ver una metáfora de su razón, Johann Chrisitan Friedrich Hölderlin pasaría el resto de sus días escribiendo extraños versos que firma con el nombre de Scardanelli.
Estupendo anuncio de comida para gatos
Enero 12th, 2011François Villon, el primero de los poetas malditos
Enero 9th, 2011
Puestos a buscar los orígenes de la poesía maldita, éstos pueden remontarse al italiano Cecco Angiolieri (1260-¿1313?) o al francés Rutebeuf (1250-1285). Pero habría de ser un compatriota de este último, François Villon, nacido, al parecer, en 1431, quien inaugurara tan ilustre nómina. Tantas y tan grandes fueron sus fechorías, que el escritor siempre procuró asociar a su obra, que nadie mejor que él para ocupar tan fascinante puesto. Al menos así lo estimaron los románticos, Baudelaire y los simbolistas, en cuyo manifiesto no dudaron en atribuirle la paternidad de la lengua y la poesía francesas.
François de Montcorbier, verdadero nombre del poeta, vino al mundo en una familia pobre. Protegido del clérigo Guillame de Villon, éste impulsará los estudios eclesiásticos de François. En agradecimiento a él, a quien calificará de “más que un padre” al comienzo de su ‘Testamento’, el joven tomará su nombre. Sus días de estudiante constituyen la gran incógnita de su biografía, pero cabe suponer que fue entonces cuando empezó a frecuentar burdeles y tabernas. Maestro en Artes por la Universidad de París y ya hecho a la vida goliarda, alborotador y pendenciero, en una de sus frecuentes trifulcas dará muerte a otro clérigo, Philippe Sermoise -según todos los indicios en defensa propia-; en otra, recibirá una puñalada que le dejará el labio partido para el resto de su azarosa y apasionante vida.
Irremisiblemente encanallado, la nochebuena de 1456 marca uno de los primeros jalones en su vida y en su obra. Será en ella cuando el poeta, en compañía de otros rufianes, perpetre un atraco en el Colegio de Navarra de París, de donde saldrán con un botín de 1500 escudos de oro. No obstante, finalizado el robo, aún tiene tiempo para escribir ‘Legado’, una de sus más celebradas composiciones. Si bien los expertos se refieren a la dificultad que su lectura entraña, el amor imposible inspirara unos versos en los que no falta el relato una furibunda sátira social en la que los notables del París de la época y los rufianes que han acompañado al escritor en sus crímenes, de los que da cumplida información en sus estrofas, salen igual de mal parados
Delatado en la primavera de 1457 por uno de sus compinches en el robo, Guy Tabaire, Villon habrá de huir de la justicia parisina, yendo a buscar refugio en la corte de Charles d’Orleans en Blois, donde se protege a los poetas, y en la René d’Anjou, quien compagina el trono de Sicilia con el cultivo de la poesía. No siendo el nuestro uno de esos autores al gusto de los palacios, en ambos casos, sus intentos resultarán inútiles por más que asegure que sus fuga de París es debida a un desengaño amoroso. Encarcelado en la prisión de Meung-sur-Loire por sus vagabundeos con un grupo de actores, profesión perseguida por la Iglesia en aquellos días, Villon será torturado con frecuencia. Creyendo próximo el fin de sus aventuras, apenas es puesto en libertad por mediación de Luis XI, el poeta ladrón redacta su ‘Testamento’. Considerado por la crítica como uno de los poemas más bellos de toda la Edad Media, se incluyen en él algunas de sus composiciones más concodidas, tal es el caso de “Balada de las damas de antaño”.
Otra vez en París, volverá a dar con sus huesos en la cárcel. El robo en el Colegio de Navarra aún no ha sido olvidado. Semanas después, tras jurar que devolverá el dinero, es puesto en libertad. No pasará un mes antes de que sea condenado a la horca tras ser reconocido en una pelea de taberna, en la que habrá varios heridos. Será entonces, convencido de que acabará sus días en el cadalso, cuando escriba su poema más conocido, la “Balada de los ahorcados”. Concebida a modo de autoepitafio, en sus versos, quienes van a ser ajusticiados, mantienen un diálogo que es a la vez una súplica de clemencia. Dentro de tan conmovedor asunto, nuestro escritor apunta: “Mediante una cuerda de dos varas, sabrá mi cuello lo que pesa mi culo”.
Sin embargo, pese a sus propios pronósticos, el patriarca de los poetas malditos salvará el pellejo. Conmutada la pena capital por el destierro, escribirá un último poema, pleno de emocionado agradecimiento a los miembros del Parlamento que le han perdonado la vida. Corre a la sazón el año 1463. Se calcula que murió poco tiempo después, cuando el maestro apenas contaba 32 años. Pero, a ciencia cierta, nada se sabe de su vida a partir de entonces.
Yukio Mishima, el escritor samurai
Enero 6th, 2011
Prácticamente reducido al ecuador de los años 80, cuando el estrenó de la película de Paul Schrader -«Mishima» (1984)- y la reedición de la traducción de Juan Marsé de «El pabellón de oro» (Seix Barral, 1963, 1985) llamaron la atención de los medios de comunicación sobre él, el interés del lector español medio por la obra de Yukio Mishima puede calificarse de tibio. Según parece, el novelista y dramaturgo nipón viajó por nuestro país meses antes de quitarse la vida. Es más, incluso se cuenta que llegó a tratar en repetidas ocasiones al doctor Vallejo Nájera, quien aparentemente se nos antoja tan alejado a su torturado colega oriental. Pero, en honor a la verdad, hay que apuntar la obra del escritor, que durante años fue el novelista japonés más conocido en Occidente, en líneas generales, en España ha inspirado la misma indiferencia que el resto de las manifestaciones culturales niponas.
La primera, de las no pocas contradicciones que presenta su biografía, es que, siendo la principal preocupación de su vida y de su obra la preservación de los valores del Japón tradicional, anterior a la occidentalización, Mishima sintiera a la vez la mismo interés por Occidente que Occidente por él. De hecho, los estudiosos de la literatura japonesa, enmarcan su obra dentro de la influida por la impronta occidental.
El 14 de enero de 1921, cuando Hiraoka Kimitake –Yukio Mishima es un seudónimo– nace, la literatura socialista y pacifista, que ha florecido en el país del Sol naciente desde comienzos de siglo, ha sido atajada violentamente. De los autores que en la estela de Émile Zola no han dudado en escribir contra la guerra ruso japonesa (1905), KotoKu Shusui, el principal de ellos, ha sido condenado a muerte y ejecutado en 1911. Kobayashi Takiji, militante comunista que años después intentará tomar el relevo a Shusui en la novela comprometida, morirá en 1933, al ser torturado por la policía en un interrogatorio. Mientras tanto, el pequeño Mishima, quien pese a pertenecer a la burguesía media se hace pasar por descendiente de una familia de samurais -los samurais serían una de sus principales referencias hasta el final de sus días- se educa en Gakushüin, la escuela por excelencia de la nobleza.
Estudiante universitario aún, cuando el escritor publica sus primeros relatos, la literatura japonesa asiste a una explosión de romántica exaltación nacional, que va preparando el camino de la Segunda Guerra Mundial. Antes de que esta confrontación acabe; Mishima publicará su primer relato «El bosque en flor» (1941) y el ejército le destinará a una misión suicida, de la que finalmente será relevado. No cabe duda, es en esta imposibilidad de autoinmolarse por la patria donde hemos de buscar otra de las claves de su vida
Publicada en 1949, «Confesiones de una máscara», donde el protagonista proclama abiertamente su homosexualidad tras recordarnos toda su existencia, será la novela que le catapulte a la cima de las letras japonesas. A ella le seguirán, entre otras, «La muerte en mitad del verano» (1953), «El tumulto de las olas» (1954) y «El pabellón de oro» (1956). Esta última, su obra más conocida, narra la historia del joven Mizoguchi, un aprendiz de bonzo obsesionado por sus complejos, «Cinco no modernos» y comienza a llevar una vida filocastrense que tiene su primera manifestación en una obsesiva práctica del culturismo. La fuerza, junto con la violencia, la belleza, la muerte y el erotismo, son las principales preocupaciones de sus páginas.
Aclamado en Oriente y Occidente, viaja por primera vez a Estados Unidos en 1958. Tal vez fuera entonces, en el país vencedor del imperio del sol naciente, donde comenzará a gestar el exacerbado nacionalismo que le inspirara durante todos los años 60. Aguijoneado ante el nuevo Japón occidentalizado, anhelante de unos tiempos que no van a volver, en 1968 escribe «Por el camino del samurai» y «En defensa de la cultura». Una y otra son sus obras más nacionalistas. Cuando esos mismos planteamientos le llevan a pronunciar conferencias en la universidad, es abucheado por los estudiantes. No obstante, consigue fundar entre algunos de ellos una organización de extrema derecha llamada Asociación de los Escudos.
Finalmente, obedeciendo a los seculares códigos nipones del honor, en 1970 decide hacerse el harakiri delante del jefe del estado mayor del ejército para protestar por la desmilitarización de su país.
El ladrillo efervescente
Enero 2nd, 2011
No se rían, que puede ser la nueva panacea de la economía. Se echa al agua, al de un trasvase cualquiera, y alivia los síntomas de agotamiento de la demanda, los espasmos del desempleo y sobre todo esa sensación de vacío que desde hace algún tiempo se deja sentir en los bolsillos.
Si en los tiempos de prosperidad el ladrillo aseguraba grandes plusvalías y jugosas comisiones a sus distribuidores, calificadores, turiferarios e hisopistas, ahora, en tiempos de carestía, promete convertirse en la solución mágica de todos los males, presentes y futuros, a fuerza de reconvertir viviendas invendibles en pisos de protección oficial, prometer lo que no se pudo cumplir en otro tiempo y renovar la zanahoria que mueve al burro.
Es lo que hay, señores. Esta es toda la imaginación que le va quedando a nuestros dirigentes: ladrillos y más ladrillos. Ladrillos a precio de oro, en las costas, en los montes, en los parques, en los últimos andurriales recalificados a toda prisa para completar la sonsaca de algún ayuntamiento. Y ahora, ladrillos en saldo, para que no se pare la economía y no crezca el paro, porque la construcción es un sector vital y toda esa monserga que nos sabemos de memoria. Cuando ganaban, era suyo. Cuando pierden, es de todos. ¡Tres hurras por este liberalismo de cartón piedra!
Aquí, de fabricar algo, ni se habla. De pensar algo, mucho menos. Innovar, crear empresas que a su vez generen algo cuando acaben de construirse, no se plantea ni de broma. Aquí el que tiene un duro, lo mete en la tierra, como el condenado de la parábola de los talentos. En la tierra siempre, la de la fosa, si fresca, la del ladrillo, si cocida.
Ya nos pasó otra vez: cuando vino el oro de América, además de gastarlo en guerra europeas y flamencas, lo gastamos en iglesias casas solariegas y palacios, en vez de en fábricas de hilaturas como hicieron otros. Y eso quedó: un país lleno de blasones, de escudos señoriales, de iglesias descomunales, cuatro por cada pueblo, y ni una manufactura. Nos pasó ya, pero no espabilamos: la gente de los pueblos sigue comprando pisos en la capital para pasar el invierno y que los hijos las vendan cuando ellos falten, sin plantearse la gran pregunta: ¿a quién se las van a vender cuándo en esa capital no quede nadie, porque no hay trabajo?
Pero tranquilos, que para entonces ya inventará otro ladrillo efervescente, mentolado, o con sabor a naranja, para que las administraciones, las veinte o treinta que habrá entonces, puedan seguir cobrando sus impuestos sin preocuparse de que la tierra prospere y la gente no emigre.
Porque lo que cuenta es que haya muchos pisos, que son los que pagan IBI. Que los ocupe alguien o no, los trae al fresco.
El Gradual de Leonor de Aquitania.
Diciembre 31st, 2010Louis-Ferdinand Céline. El mejor escritor nazi
Diciembre 29th, 2010
Las notas biográficas al uso no valen. Se hace muy difícil hablar de Louis-Ferdinand Céline sin dejarse llevar por la indignación que provocan en cualquier persona de buena voluntad sus filias políticas. Siendo como es el escritor nazi por excelencia, lo más fácil es endilgarle el prurito de “fascista charlatán” o de “antisemita arrogante” con el que le define -entre muchas otras cosas, casi todas más loables- Maurice Bardèche en la solapa del único trabajo sobre el escritor publicado en España (Aguilar Maior, 1990). Sin embargo, para sus admiradores más devotos -y lo son mucho considerando las fuertes sumas que se han pagado por sus manuscritos en estos días-, como el mismo Bardèrche sotiene, Céline es también el trapecista de la sintaxis, el artífice de una simbiosis magistral entre la verdad y la forma en que ésta se expresa.
Aunque las sutilezas del lenguaje de ‘Viaje al fin de la noche’ (1932) sólo le son reveladas al lector francés -traducida al español originalmente en una espléndida versión de la autora de novelas infantiles Carmen Kurtz, dicho sea de paso-, bien es verdad que el escepticismo generalizado que rezuma la obra maestra de Céline -”una pesadilla de frenético nihilismo que se expresa en un lenguaje agresivamente innovador, como un colérico tartamudeo que arrasa todas las normas convencionales y que reúne sin cesar un argot colérico, osceno y lírico a la vez”, según apunta José María Valverde en su ‘Historia de la Literatura Universal’- también es perceptible en otros idiomas. Así, leer a Céline en español, pese a que el sentido de ciertas frases se pierda en el camino que va de su lengua a la nuestra, constituye una experiencia tan apasionante que muchos de sus admiradores intentan negar que fuera un nazi argumentando el exacerbado escepticismo que inspira sus mejores páginas.
Nacido en Courbevoie (Sena) el 27 de mayo de 1894, el Céline con el que Louis-Ferdinand Destouches habría de entrar en el parnaso de la novelística del siglo XX era uno de los nombres de su madre. No hay lugar a dudas, la mejor forma de conocerle es leyendo ‘Viaje al fin de la noche’, tan autobiográfica como todas sus novelas, pero, si cabe, la que concierne a ciertos episodios cruciales en su vida. Convertido en Ferdinand Bardamou, Céline cuenta su experiencia en la guerra del 14 -donde las heridas que le causan los mismos alemanes a los que luego se venderá en el 39 le convierten en un héroe de Francia-, en el África colonial francesa y en unos Estados Unidos agobiantes, que empiezan a convertirse en la superpotencia que son actualmente. Acaba compartiendo las miserias de sus primeros pacientes -quienes raramente le pagan- en un suburbio de París. Tan mujeriego como políglota, las mujeres y los idiomas serán su llave y su norte en un periplo por unas sombras que no son otra cosa que cuanto de absurdo encierra la existencia.
El inmediato éxito que obtiene ‘Viaje al fin de la noche’ se verá refrendando por el Premio Renaudot y la publicación de ‘Muerte a crédito’ (1936), que conforma con la anterior un díptico en torno Bardamou, si bien, en este último caso, lo que se nos refierie es la adolescencia y la juventud de Ferdinad. Ya catapultado al éxito, indignado con los empresarios judíos que se niegan a estrenarle un ballet, comienza a gestar un antisemitismo que tiene una primera manifestación en ‘Bagatelas para una masacre’. (1937), a la que seguirán varias obras menores, siempre nacidas de su odio a los hebreos.
Adalid de la cultura de la ocupación alemana de Francia, junto a Piere Drieu La Rochelle, tras la liberación se verá forzado a seguir a sus amigos nazis en retirada. Cuando cree haber encontrado refugio en Dinamarca, es extraditado a París. Despreciado públicamente, es desposeído de todas sus profesiones en Francia. Pero su nueva condición de repudiado por sus paisanos, le convierte en una suerte de perdedor. Su nueva postura le hace sentirse a gusto, al fin y al cabo vuelve a estar contra todo y contra todos, lo que cuenta para él.
Al final de los años 50, un último atisbo de su genio despunta otra vez < en la trilogía que dedica a su exilio danés, integrada por ‘De un castillo a otro’ (1957) y ‘Nord’ (1960) y ‘Rigodon’. Inédita hasta 1969, esta última apareció 8 años después de la muerte del autor. Como apunta Maurice Bardèche en la obra ya citada, el tiempo, presto a limar los últimos rencores de la guerra, obra en favor de Louis-Ferdinand Céline al margen de los odios y cariños que este autor, uno de los grandes que diera el siglo XX en vida profesara.












